Regresemos a lo básico... pero sin exagerar

Fue en la década de los 70 cuando se le dio impulso a un movimiento en la educación que buscaba “volver a lo básico” enfatizando la enseñanza de materias elementales como lectura, aritmética, gramática o historia de manera tradicional, para simplificar las vidas de quienes las tenían complicadas.

Este esencialismo educativo a su vez se basaba en el movimiento esencialista de los años 30 que sostenía que el maestro era el centro y difusor del saber en tanto que el alumno solo tenía que poner mucho empeño en la memorización del conocimiento recibido. Actualmente esta idea centralista del conocimiento puede parecer obsoleta, pero a principios de este siglo resurgió nuevamente el anhelo por regresar a lo básico.

Primero con un enfoque para construir una vida más saludable, más ecológica y más autosuficiente al teñir nuestra propia ropa, criar pollos o elaborar mermelada casera de arándanos o juguetes como lo plantea la escritora norteamericana Abigail R. Gehring.

Más recientemente este esencialismo adquirió un sentido acorde con los nuevos tiempos. Y tiempo es la palabra clave, pues el autor del libro “Esencialismo: Logra el máximo de resultados con el mínimo de esfuerzos” plantea que dediquemos la mayor parte de nuestro tiempo en las cuestiones más importantes y vitales en vez de enfocarnos en actividades triviales que no nos llevan a ningún lado.

Greg McKeown, en su libro nos aclara que una persona que es esencialista, se basa en “el menos pero mejor”, elige lo que va a hacer, le da importancia a lo que realmente debe de tenerla y se pregunta sobre los beneficios de cada tarea que elija hacer. No se trata de hacer más cosas en menos tiempo sino de obtener sólo cosas bien hechas.

Es aquí cuando regresar a lo básico adquiere un significado mucho más valioso y ante todo, sencillo. Existe un principio metodológico y filosófico conocido como “La navaja de Ockham” según el cual «en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable». Llevado a los negocios, si seguimos este modelo de pensamiento descubriremos que una gestión empresarial  efectiva debería ser sencilla en lugar de compleja.

¿Buscas vender un nuevo producto mediante campañas promocionales que son difíciles de entender por los potenciales compradores? ¿Has diseñado reglas de comportamiento para tus empleados que los confunden y les complican su aplicación? ¿Les dices por ejemplo que la honestidad es un valor de tu empresa pero que pueden ofrecer “regalos” con tal de conseguir un nuevo cliente?

¿En tu empresa cuidan el medio ambiente al imprimir solo los documentos necesarios pero permites que todos los días compren comida para llevar en recipientes de unicel? Como puedes observar, no les estás proponiendo la explicación más sencilla. Pero lo básico no solo radica en la sencillez de las cosas, también se necesita un poco de esfuerzo para descubrir aquello que es esencial. Y no siempre estamos suficientemente atentos.

Pongamos un ejemplo. ¿Cómo se puede leer un libro más fácilmente, si viene impreso o si lo tenemos en formato digital? La respuesta es muy sencilla: se puede leer igual de fácil en ambos formatos.  La dificultad de la lectura la pone el lector mismo. Muchos adultos afirman que no hay mejor experiencia lectora que la obtenida con un libro impreso, que es más legible la tipografía, más agradable el tacto del papel e incluso el olor a tinta es inspirador.

En cambio son pocos los jóvenes que podrían decir lo mismo de su lectura y prefieren sin dudarlo leer lo digital. Aún así, hace poco una jovencita decía que era muy difícil leer libros electrónicos y que prefería el formato tradicional (en papel). ¿Por qué se le dificultaba la lectura? Porque leía desde su pequeño teléfono y no contaba con una tableta o una computadora que le facilitaran la tarea. No perdamos de vista lo básico: se trata de leer, independientemente del medio utilizado.

Dentro de una empresa es frecuente perder la perspectiva y enfocarnos en realizar nuestras actividades de la manera más complicada posible: no hay hojas disponibles en la impresora (ni tóner o tinta), no encontramos un bolígrafo cuando lo necesitamos, anotamos cosas importantes en pequeños Post- it que siempre se pierden, dedicamos mucho tiempo a buscar correos que estamos seguros de haber enviado pero no recordamos la fecha ni el destinatario…

En pleno siglo XXI, nos haría mucho bien regresar en el tiempo unos 60 años (a lo básico por supuesto) y redescubrir ese espacio que identificamos como nuestro lugar de trabajo, justo ahí en dónde generamos valor con lo que hacemos (los japoneses le llamarían gemba). ¿Trabajas en un espacio ordenado, limpio, bien ventilado y debidamente iluminado? Bien por ello. ¿No es así? Entonces que no te cause extrañeza si tu forma de trabajar es complicada y por lo mismo, deficiente.

Ya tendremos tiempo de ampliar este y otros temas relacionados (5S, kaizen, kamban, TPM) pero por hoy, bastará con que eches un vistazo a la Rueda de la Fortuna que nos ayuda a comenzar con poner orden en nuestro entorno de trabajo.

Si de poner orden se trata, también debemos hacerlo con tu información. Y en Spechi somos expertos en implantar soluciones que faciliten el registro y la búsqueda de los datos que tu empresa necesita. Llámanos y te explicaremos cómo hacerlo. 

 

Regresemos a lo básico... pero sin exagerar
Sadday Preciado Mariscal 14 enero, 2022
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