¿Jubilación empresarial?

Como seres humanos deberíamos entender pero sobre todo aceptar, que el crecimiento en general es gradual y se toma su tiempo, lo que además implica armarse de mucha paciencia. Y ésta es la virtud que probablemente cuesta más trabajo llevar a la práctica. Lo podemos constatar en la crianza de los hijos, el estudio de alguna materia o la práctica de algún deporte. El factor en común es el tiempo.

Cuando un negocio lleva funcionando algún tiempo (varios años para ser más precisos) es natural que su dueñ@ considere que siguió el buen camino y que hizo las cosas bien. Si no hubiera sido así ¿habría durado tanto tiempo abierto? Un punto de vista similar (la firme creencia de haber hecho un buen trabajo) se aprecia también en quiénes no fundaron una empresa pero dedicaron gran parte de su vida a una actividad en particular.

A este efecto (creer que algo es cierto sin que realmente lo sea) se le conoce como ilusión de la verdad. Pero no te me asustes querid@ amig@, no vamos a disertar ni a filosofar sobre la vejez, el Alzheimer, las reumas y el final de la vida, no. Muy al contrario, la intención es que después de un largo camino andado, el reto sea… ¡Comenzar un nuevo camino!

Quizás se trate de una persona jubilada o a punto de estarlo y que reflexiona acerca de su vida productiva. Cuenta con una pensión o con un modesto ahorro y con un poco de suerte hasta disfruta de una vivienda propia (terminar de pagarla es lo de menos). Estos logros (pequeños para algunos, suficientes para otros y enormes para muchos más) invitan a calificar una vida o una trayectoria profesional como cumplida.

¿Quién no desea gozar de los frutos del arduo trabajo de toda una vida? Solo no olvides que el gozo debe ser momentáneo al igual que la felicidad. ¿Conoces a alguien que se sienta feliz las 24 horas del día? Tal vez sonría constantemente, que no es lo mismo que estar feliz. La vida no es un camino recto, profusamente iluminado y desesperantemente aburrido.

Más bien nuestra vida se parece más a una emocionante ruta llena de altibajos, paisajes a veces verdes y a veces sombríos, veredas angostas, tramos con abrasante sol y tramos que requieren una buena bufanda. Muchas veces no sabemos lo que hay más allá del recodo hasta que llegamos a él. Y todo esto es lo que hace que el camino sea divertido o retador.

Sería buena la recomendación para estas personas que se consideran “finalistas” que se arrellanen en su sillón favorito (tal vez el único que tienen) y mientras disfrutan de una humeante taza de café, comiencen a imaginar un nuevo escenario.

Uno en el que la jubilación o el retiro no son el final de un camino sino su continuación. El ejemplo son las viejas zapatillas de ballet, de las que podemos encontrar infinidad de fotos en la Red: desgastadas, maltratadas y hasta remendadas como un claro ejemplo del comienzo de una carrera —sí, el comienzo, no el final—.

Su desgaste nos habla de esfuerzo, de sacrificio, de trabajo duro… Desvelos, penurias y carencias que finalmente sirvieron para alcanzar un objetivo. Esas zapatillas pueden ser usadas tanto por un hombre como por una mujer y no solo se utilizan en el ballet. Podemos calzarnos unas botas de trabajo rudo o unos cómodos tenis para aguantar interminables horas de pie.

Cuando ya estemos creyendo que se acerca el final de un camino, sería bueno recordar esas viejas zapatillas. Probablemente aún las conservamos en un olvidado y escondido cajón del armario. Tal vez ha llegado el momento de sacar a flote en nuestra mente y en nuestro corazón, ese empolvado ímpetu, esas ganas, esa intensidad por alcanzar un sueño y volvernos a calzar esas maltrechas zapatillas para comprobar que solo ha pasado el tiempo pero la persona sigue siendo la misma.

Estamos en la mejor época de la Humanidad —obvio, es la única época que viviremos ya que no somos inmortales—. Nuestra salud, conocimiento, uso tecnológico y comunicación son inmejorables ¿para qué desperdiciarlos sentados en un sofá? Salgamos a comernos el mundo igual que lo hicimos cuando éramos adolescentes, lo peor que puede pasar es que nos equivoquemos y comencemos de nuevo y así nos divertiremos al doble ¿no lo crees?

Y si de buscar caminos se trata, en Spechi contamos con una amplia gama de posibilidades tanto para emprendedores y como para “viejos lobos de mar”. Llámanos para mostrarte las herramientas que facilitarán tu aventura empresarial. 


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