Incrementemos el valor del trabajo

El español es el tercer idioma más hablado en el mundo como lengua materna —exacto, el chino mandarín y el inglés son las primeras—. Y además posee una inmensa riqueza de palabras y significados (unas 100 mil), lo que en ocasiones nos obliga a profundizar en lo que verdaderamente queremos expresar.

Tal es el caso de las palabras “trabajo” y “empleo”. Para facilitar las cosas diremos que ésta última se refiere a la prestación de servicios subordinados a cambio de un salario y que el trabajo es todo aquello que hacemos de manera productiva independientemente de si recibimos o no, una compensación monetaria o en especie.

De ahí que al trabajo, cuya raíz latina es tripaliare que significa torturar, se le identifique con la mortificación y el sufrimiento. No olvidemos que con la Revolución Industrial se transformaron las actividades agrícolas y artesanales de la gente por trabajo en las fábricas con jornadas extenuantes, remuneraciones insuficientes y derechos inexistentes.

Trabajan los empresarios, las amas de casa, los universitarios, los empleados, los choferes de taxi, los repartidores de comida, los becarios y los voluntarios. Dentro de las empresas tenemos a los dueños, los directores, los gerentes, los jefes, los auxiliares, los asistentes... Se puede decir que están los que dan trabajo y los que lo realizan.

Cuando una empresa contrata a un trabajador para que desempeñe tareas que muchos pueden hacer de poca especialización— entonces el salario puede reducirse tanto como abundante sea el número de personas que saben hacer el mismo trabajo. En la medida que un trabajo solo puede realizarse por “expertos”, es cuando el valor del mismo aumenta y la empresa que contrata no puede reducir la remuneración ofrecida porque hay pocas personas para llevarlo a cabo.

¿Esto significa que si queremos conseguir un buen salario solo bastará con aumentar la cantidad de conocimientos que poseemos convirtiéndonos en “expertos”? No del todo. La valoración —y remuneración— de un empleo aumentará en la medida que los conocimientos para desempeñarlo sean verdaderos diferenciadores de las capacidades de las personas.

Puede haber empleos muy especializados pero si son numerosas las personas que poseen estos conocimientos entonces no aumentará necesariamente el salario al que pueden aspirar. Una buena estrategia para un trabajador sería investigar qué es lo que una empresa necesita realizar y aprovechar la carencia de personas que lo sepan hacer.

Se trata de aumentar el conocimiento de forma programada y específica, diferenciada. Una persona que cuente con estudios intermedios tendrá mayores conocimientos pero éstos no serán valorados por el mercado laboral ya que este nivel de formación lo cubre una gran cantidad de buscadores de empleo.

Y es aquí en donde una empresa también debería aumentar el nivel de conocimientos especializados de sus colaboradores, lo que efectivamente la obligaría a mejorar los salarios de éstos. Pero la mejor parte es que inevitablemente todo aquello que produzca y todos los servicios que preste la empresa también aumentarán de valor considerablemente y el mercado estará dispuesto a pagar el precio.

En estas empresas y con estos colaboradores dejaremos de escuchar que “el patrón hace como que me paga y yo hago como que trabajo”. Cuenta la leyenda que aún existen trabajadores que son impuntuales cuando comienza su jornada laboral y que pasan tiempo del día realizando actividades sociales —tanto presenciales como remotas—. Por lo mismo, se quedan horas extras para “recuperar” el tiempo perdido.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define al trabajo como “el conjunto de actividades humanas, remuneradas o no, que producen bienes o servicios en una economía, o que satisfacen las necesidades de una comunidad o proveen los medios de sustento necesarios para los individuos”. Este mismo organismo promueve el trabajo decente.

¿Y por qué no promover el trabajo decente y además productivo? Estamos inmersos en un entorno global complejo y convulsivo: guerras absurdas, alta inflación, desempleo, crisis sanitaria, cadenas productivas distorsionadas, clima impredecible… ¿para qué sumarle trabajo deficiente?

México es un país de extremos. Dentro de los 38 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ocupamos el primer lugar en horas trabajadas (2,137 horas al año) y el último lugar en productividad laboral ($95.30 USD por hora trabajada). En tu empresa ¿el trabajo está bien valorado?

En Spechi nos gusta trabajar de manera productiva y apoyar a nuestros clientes para que también lo hagan. Llamarnos no te va a costar ningún trabajo J.


Lo pequeño es hermoso… y debe ser eficiente