Del propósito a la propuesta

Exactamente hace un año te planteamos como desafío que convirtieras el propósito de tu empresa en una propuesta de valor específica y puntualmente detallada. ¿Cómo va “el encarguito” K? Ahora queremos elevar el listón invitándote a dar el paso siguiente: hacer el seguimiento de tu propuesta. ¡Por supuesto!


¿Eres de las personas que se plantean cumplir con una infinidad de objetivos, pero los resultados siempre son poco efectivos? Y cuando analizas esos magros resultados, ¿tu mente se llena de dudas, temores y arrepentimientos por no haber hecho mejor las cosas? Bienvenido(a) al “Club de la Frustración”, pero no se trata de un club selecto.


La revista Forbes citando un estudio realizado por la Universidad de Scranton y el instituto Statistic Brain, afirma que solo el 8 por ciento de las personas que se plantean propósitos, logra cumplirlos haciendo alusión obviamente a los tradicionales propósitos de fin de año. Es una cifra bastante desconsoladora ¿verdad?


La misma revista junto con la investigadora de mercados OnePoll mediante una encuesta realizada a finales de 2022, encontraron que el 39 por ciento de la Generación Z (los nacidos a finales de los 90 y hasta mediados de año 2000) se sienten presionados para establecer sus propósitos de Año Nuevo (más los hombres que las mujeres), solo que existe una enorme diferencia entre establecer o decretar un propósito y cumplirlo.

La práctica de decretar propósitos de Fin de Año es muy común en occidente. El llamado “efecto del nuevo comienzo” nos empuja a establecer plazos y metas cada que comienza algún ciclo en el calendario, por lo que se plantean propósitos también al inicio de un mes o de un semestre, sin embargo ya lo dice el viejo refrán: prometer no empobrece. Y cumplir lo que se promete tampoco.


Lograr el cumplimiento de aquello que nos proponemos en realidad no es tan complicado pues como muchas actividades que realizamos cotidianamente, el logro de una meta implica seguir un proceso. Es igual que cuando queremos resolver un problema. Si lo recuerdas ya explicamos el centenario Método del Caso, remarcando que precisamente como se trata de un método es indispensable cumplir al pie de la letra una serie de pasos para alcanzar nuestro objetivo. Solo tres pasos: hechos, problema y solución. ¿Ya te acordaste?


Pero el ser humano en general (y el(la) emprendedor(a) y empresario(a) en particular J) siempre busca el camino más fácil. Algo parecido a “¿cómo puedo conseguir el máximo beneficio con el menor esfuerzo?”. Este camino más fácil frecuentemente implica romper las reglas o al menos saltarse los pasos. ¿Para qué perder el tiempo en hacer una larga lista de hechos y luego dedicarles otro espacio a su análisis? ¡Seamos prácticos y pasemos directo a la solución!

Eso de ser prácticos suena muy bien ¿verdad? Solo que lo práctico no es amigo de lo eficiente. Es más práctico reprender a un empleado por haber cometido un error que buscar opciones para que el error no se repita. Es más práctico y rápido suponer que nuestros vendedores hacen su trabajo (sí, vender) que establecer sistemas de medición que lo confirmen. Esto es seguimiento.

Si esperamos vender 30 productos en un mes ¿qué tiene de malo o de complicado verificar que cada día que pasa se ha vendido un producto que se suma a la meta? Si le pedimos al área de telemarketing que realice 20 llamadas diarias ¿nos causa un verdadero problema revisar al día siguiente que las llamadas se hicieron verdaderamente?

Tal vez estamos cargando con un viejo lastre heredado de antiguas y equivocadas concepciones del significado del trabajo. Quien trabaja mucho es un buen empleado y por lo tanto, una buena persona. Quien trabaja poco es un holgazán y nadie lo quiere en su nómina. Supervisar y dar seguimiento a nuestros objetivos mediante la utilización de una computadora o con la lectura de un informe parecen actividades ociosas.

¿Cómo va a ser más productivo estar sentado frente a una pantalla que “sudando la camiseta” al cargar decenas de cajas con producto o manejando frenéticamente por toda la ciudad para hacer una entrega a tiempo? No te confundas al comparar peras con manzanas. Unas son actividades operativas y otras son actividades directivas. Cada una tiene su propia razón de ser y ambas contribuyen a la consecución de los objetivos de nuestra empresa.

Quienes permanezcan en el ”Club de la Frustración” seguirán creyendo que es bueno decretar propósitos todo el tiempo, se cumplan éstos o no. Cancela tu membresía y experimenta con la grata sensación de haber conseguido un objetivo al que le diste seguimiento puntual durante todo un mes. Verás que vale la pena.


En Spechi no nos andamos por las ramas J, te decimos claramente cómo alcanzar tus objetivos. Hablemos del tema mientras te invitamos un café.


Prevención para alcanzar los objetivos